
EL PESO DE LA VOZ.
Peso cada palabra.
La evalúo.
Hago fragua de ella.
La huelo.
Mido sus tiempos y su ritmo sinfónico.
La declaro deidad tramada en engaño.
Acaricio su perfecto cuerpo de luchadora sin torso,
ni pies
ni puños cerrados.
Me desvío y
me rindo hasta confesarme de miedo ante los leones de su majestad sinuosa.
Quiebro el mutismo para entrar en el silencio.
Me gusta mucho esta.
ResponderEliminarA mi me resulta ... inquietante!!
Besos
Muchas gracias, Lobo. No vi tu comentario hasta hoy.
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